Biografía

No recuerdo si hubo un día en el que decidiera dedicarme a la música. Creo que siempre ha estado presente. Tengo que rebobinar mucho mi película para ver dónde empieza todo, dónde no había música, y sinceramente, no lo encuentro. De niña pedí que me apuntaran a todo lo que tenía que ver con la música y que estaba a mi alcance: a jota montañesa, a tocar las castañuelas y la pandereta, a guitarra española (donde me enseñaban Clavelitos) y finalmente al conservatorio. Cómo alguien que no vive en un ambiente especialmente musical puede amarlo tanto. Cómo puede crecer tanto que ocupe tu cuerpo, el alma y la mente las veinticuatro horas del día durante años. ¡Cómo es posible que veas música y canciones en todas partes! ¿No parece una enfermedad psicológica? Es una adicción. La música me transformó en otra persona. Me ha dado muchas oportunidades. He aprendido mucho de mí misma y de los demás… ¡He conocido tantos lugares y tantas personas con historias y realidades distintas! Sin la música sería un ser completamente diferente. El conservatorio me enseñó la disciplina. El mundo del rock&roll es como las variaciones de Bach. Es curioso, me sentía una extraña en los conservatorios y descolocada en el mundo del rock. Sin embargo, adoro a Chopin y a los Stones a partes iguales. Y tengo FE, así en mayúsculas. Aún no la he perdido. Lo confieso y ojalá se pudiera contagiar. Y como maestra de carrera y de corazón que soy, igual que en los cuentos clásicos, creo que los malos terminan cayendo, de una u otra manera.